jueves, abril 15, 2010

Aguas del Leteo

Chicas:

Mi compañero Iñaki, jefe del departamento de Calidad, me hizo prometer que, si publicaban finalmente mi cuento ganador en la revista de la empresa, lo convertiría en una trilogía. Lo publicaron, así que, con mucha calma, me he puesto manos a la obra. La primera parte de la saga la publiqué en una entrada en la bitácora el día 31 de agosto de 2009, y se llamaba "Gota de esperanza". Os recomiendo repasarlo antes de leer ésta.

Veamos:


Aguas del Leteo

En aquel muro mudo e interminable la única puerta que permitía cruzarlo parecía una incongruencia.

Sin embargo, de repente la puerta se abrió y salió Macate.

Pálida y delgada, con una pequeña bolsa de viaje en la mano, miraba parpadeando el sol frío de la mañana y el resto del mundo que esperaba fuera del manicomio.

Inspiró un par de veces todo lo hondo que pudo y echó a andar hacia su nueva vida. Una nueva vida sin Hugo, al que habían sacado de su cabeza a base de pastillas de sabor amargo, correas para tobillos y muñecas y, en algunas sesiones interminables, estimulación eléctrica. En aquellas horas de desesperación aprendió primero a reconocer qué convenía recordar y qué convenía olvidar, y después a no recordar haberlo olvidado.

Volcada en un trabajo vacío su vida transcurrió como un río de aguas densas y oscuras, sin vida bajo la superficie.

I sink like a stone that’s been thrown in the ocean; my logic has drowned in a sea of emotion. Stop before you start, be still my beating heart”, cantaba convencido Sting en el hilo musical, por si aún cabía alguna duda.

Now it ain’t hard feelings or nothin’ sugar, that ain’t what’s got me singing this song. It’s just nobody knows honey where love goes, but when it goes it’s gone gone”, apostillaba después la voz sabia del Jefe, cancelando de un plumazo toda esperanza.

Una mañana despertó helada, entumecida, sorprendida de encontrarse en el suelo del cuarto de baño. Cuando consiguió pensar con claridad y vencer la falta de hábito después de meses negándose a recordar, se vio a sí misma frente al espejo, mirando la imagen de Hugo sustituyendo a la suya, mientras parecía oírse un eco de “Los Dinosaurios”.