lunes, octubre 11, 2010

¿Para cuándo desayunos en el Cafetín?

Chicas:

Lo que podéis leer debajo es la poesía (tres sonetos) con los que me presento a un concurso de un café de El Escorial (Cafetín Croché) que ni siquiera conozco. Pero ayer me releía el tercero y reconoceréis conmigo que es bonito. ¿O no?


¿Para cuándo desayunos en el Cafetín?

El café en su taza de porcelana,
leche templada con algo de espuma,
mientras fuera el sol lucha con la bruma
y la noche escapa de la mañana.

El camarero llega con desgana
y al café que espera en la mesa suma
el dulce chocolate que rezuma
del interior de una napolitana.

Luego, claro, un zumo de naranja,
natural, fresco, recién exprimido,
sabe a vega, como la leche a granja.

Medio sobre de azúcar, removido,
y al disfrutarlo en cada sorbo zanja
la sequedad tras ocho horas dormido.


La napolitana está aún caliente,
el chocolate entre líquido y duro,
un gastronómico placer oscuro
que antes de probarlo ya se presiente.

El panadero creó en su horno ardiente
este concentrado de placer puro
que allí se ofrece, cual fruto maduro,
tierno como un amor adolescente.

El hojaldre cede bajo el cuchillo
y crepita dulcemente al romperse.
La masa y el chocolate, el amarillo

y el marrón juntos van a disolverse
en un éxtasis tímido y sencillo,
un bosque de sabor donde perderse.


La vida huele mejor, como el café,
como el amor, de lo que sabe, dice
Maruja Torres. Hoy no. Que suavice
su aroma denso esa sentencia. Que

lo que promete al amanecer dé
la vida a quien tan pronto la bendice.
A quien la llama del amor atice
y espere respuesta acorde a su fe.

Como hoy el café sabe mejor que huele
que así sea con la vida y el amor:
la vida no salga hoy por donde suele,

el amor olvidado vuelva por
donde solía, la herida que duele

cierre y deje en la piel sólo rubor.