martes, noviembre 20, 2012

El pedal, la cala y el escarpín (4 de 5)

Juan:


La cosa pinta mejor ya, aunque ha costado sudor.

Ayer por la mañana me enfrenté a mi bici, que tenía un pedal de cada tipo, armado con una llave del 15, pero de mango normal, no de medio metro como se muestra en el vídeo. E hice toda la fuerza que pude hasta que me dolió la mano, pero sin respuesta. Con la bici boca arriba, con la bici boca abajo, con la llave envuelta en un trapo para no dejarme los metacarpianos, pero ni por ésas.

Con el rabo entre las piernas fui a comer a casa de mis padres a comunicar mi derrota y con el plan de llamar a Calmera para visitarles el viernes, que hago puente, y pedir que me cambien el pedal o me vendan una llave para pedales, lo que salga más barato.

Mi padre, maestro del bricolaje, renegó por lo bajo y se ofreció a venir conmigo y con un bote de lubricante para cerraduras. Lo roció por ambos lados de la rosca, colocó la llave, la envolvió en un trapo y, mientras yo sujetaba la biela izquierda, se lió a darle martillazos hasta que el pedal cedió. Eran como las siete y media de la tarde del horario de invierno, así que ahí quedó la cosa.

Ya tengo los dos pedales iguales. Ahora sólo falta probarlos.

Mi compañero Chema, que se apuntó a la jugada del cambio de pedales, se cayó al suelo al poco de ponerlos, según me dijo. Veremos.

Dos,


Joe.