Gota de esperanza
Chicas:
Éste es el relato corto ganador del concurso de la revista de la empresa de DHL en Iberia (300 palabras, una de ellas DHL).
GOTA DE ESPERANZA
Macate se asomó a la ventana y miró hacia el extremo de la calle por tercera vez en los últimos cinco minutos. Nada.
Seis meses atrás, en lo más crudo del invierno, había conocido a Hugo en un concierto de Los Dinosaurios. Rápidamente había saltado la simpatía, la complicidad entre ellos como un arco eléctrico.
Luego vinieron días de inquietud, la mirada prendida del teléfono móvil, noches de insomnio.
Una cena, un beso robado, el olor de su pelo, el tacto de sus manos, el sabor de su piel.
En la intimidad de la noche Hugo a veces le susurraba: “si un día no contesto ten fe. Guarda mi recuerdo. Espérame”. Y Macate no hacía preguntas, disfrutaba del hoy, pero sentía una inquietud vaga, como si el destino pudiera compensar de golpe tanta felicidad.
Un mal día Hugo no contestó.
Macate, agotadas las lágrimas, buscó en el recuerdo los nombres, los lugares, las cifras que anclaran lo que sabía de Hugo a una existencia real, de persona de la calle, gris como los demás, y no los encontró.
La primera vez que vio aquella sonrisa cortés, comprensiva pero desdeñosa, fue en labios del funcionario de policía. Luego en los de un médico, luego en los de un celador.
Aquel edificio blanco, frío y aséptico tenía más de cárcel que de hospital.
Quizá por eso recibir aquel paquete amarillo brillante le pareció un soplo de aire fresco entre las paredes de azulejos deslucidos que la asfixiaban.
El remitente sólo decía “Hugo”, y esta vez las lágrimas fueron de felicidad.
Y desde entonces, cada semana, con la regularidad de un metrónomo, Macate recibía una gota de esperanza empaquetada.
Los alegres colores amarillo y rojo de la furgoneta de DHL que giraba la esquina de la calle tenían algo de buen presagio.


