martes, noviembre 20, 2012

El pedal, la cala y el escarpín (5 de 5)

Juan:


Cuando me decías “aún estoy por conocer quién no ha vendimidado alguna estrenando automáticos” yo, iluso, pensaba: esto lo dice Juan, que va como una cabra con la bici. Yo, cuarentón filatélico, no me caigo seguro.

Una vez que, a martillazos, salió el pedal antiguo y colocamos el nuevo, el jueves pasado, que al menos en Madrid hacía un sol espléndido, me calcé mis escarpines con calas, y me puse a practicar en el pasillo de los trasteros. Engancha, clac. Desengancha, clac. Izquierda, clac. Derecha, clac.

Cuando ya lo tenía controlado, saqué la bici y me dirigí, caminando con los zuecos, al parquecillo que hay enfrente de mi casa, el resultado de cubrir el tramo de metro que va de la estación de Empalme a la de Campamento. Pedaleé despacio, en grandes círculos, enganchando y desenganchando cada pie, hasta que me di por satisfecho y me vi listo para volar solo.

Cogí Tembleque para bajar hacia Quero, salir al Parque Aluche y coger allí el Anillo Verde hacia la Casa de Campo. Pues bien, el semáforo entre Tembleque y Maqueda, en la esquina opuesta a la iglesia que hay allí, estaba en rojo, y yo lo veía desde cincuenta metros atrás. La bici iba perdiendo velocidad a la vez que se a mí se me bloqueaban las neuronas y los pies. No supe qué hacer y, cuando la bicicleta se paró del todo, me caí al suelo. Bien.

Fue la única vez, afortunadamente, aunque en otra ocasión estuve a punto. Habrá que insistir.

Tres,


Joe.

El pedal, la cala y el escarpín (4 de 5)

Juan:


La cosa pinta mejor ya, aunque ha costado sudor.

Ayer por la mañana me enfrenté a mi bici, que tenía un pedal de cada tipo, armado con una llave del 15, pero de mango normal, no de medio metro como se muestra en el vídeo. E hice toda la fuerza que pude hasta que me dolió la mano, pero sin respuesta. Con la bici boca arriba, con la bici boca abajo, con la llave envuelta en un trapo para no dejarme los metacarpianos, pero ni por ésas.

Con el rabo entre las piernas fui a comer a casa de mis padres a comunicar mi derrota y con el plan de llamar a Calmera para visitarles el viernes, que hago puente, y pedir que me cambien el pedal o me vendan una llave para pedales, lo que salga más barato.

Mi padre, maestro del bricolaje, renegó por lo bajo y se ofreció a venir conmigo y con un bote de lubricante para cerraduras. Lo roció por ambos lados de la rosca, colocó la llave, la envolvió en un trapo y, mientras yo sujetaba la biela izquierda, se lió a darle martillazos hasta que el pedal cedió. Eran como las siete y media de la tarde del horario de invierno, así que ahí quedó la cosa.

Ya tengo los dos pedales iguales. Ahora sólo falta probarlos.

Mi compañero Chema, que se apuntó a la jugada del cambio de pedales, se cayó al suelo al poco de ponerlos, según me dijo. Veremos.

Dos,


Joe.

El pedal, la cala y el escarpín (3 de 5)

Juan:


No pudo ser. Yo me las prometía muy felices, pero mis carencias en el mundo del bricolaje y la resistencia pasiva que siempre me ofrecen las máquinas y los mecanismos (por eso elegí esa especialidad, para ver si lo superaba) han podido conmigo. Esta vez.

Me vi 4 veces seguidas el vídeo de Mammoth, ajusté las calas a la altura del metatarsiano indicado y bajé al trastero con los zuecos puestos, dispuesto a darlo todo. Pero claro, yo no tengo llave para pedales de mango largo, y planeaba tirar de llave inglesa, que resultó inútil porque es más ancha que la zona del pedal que tiene muesca. De hecho conseguí meterla y luego no había forma de separarla. Pensé que tendría que pedalear con una llave inglesa agarrada al pedal, junto a la biela. Conseguí desatornillar el pedal izquierdo utilizando la llave allen de la herramienta con tronchacadenas que me compraste, y puse el nuevo. Pero con el derecho no hubo forma, por más que apreté. No descartemos que apretara en el sentido que no es y, con mis músculos trabajados de gimnasio, me haya cargado la rosca.

Hubo un momento difícil en el que pensé si salir con un pedal de cada tipo, con una zapatilla de tenis Nike blanca en el pie derecho y un escarpín Spiuk negro en el izquierdo, pero no me atreví.

Ya desesperado, lo que hice fue subirme en la bici y ver cómo enganchaba y desenganchaba el pedal izquierdo, y me quedé un poco decepcionado. Desde luego no sonaba el “clac” limpio al anclarse y el “clac” limpio al desengancharse del vídeo. Quizá es que aflojé demasiado la tuerca que regula eso.

Mi padre dispone de un juego de llaves, aunque el mango no sea muy largo, que será lo que pruebe el próximo fin de semana. Veremos.

Seguiremos informando,


Joe.

El pedal, la cala y el escarpín (2 de 5)

Juan:


Ayer, a la vuelta, me pasé por Mammoth Manuel Becerra y adquirí unos pedales automáticos Shimano y unas gafas fardonas (para que no se me reconozca cuando cojo la bici, que con el casco y demás tengo una pinteja un poco rara –ver más abajo-).

Qué maravilla estos sitios de bicicleta avanzada que parecen una boutique de alta costura. Estás allí, puede que te atiendan, puede que no, y si no sabes lo que es una tija, un buje y cómo adaptar unos frenos de tambor a una bicicleta eléctrica no eres nadie.

Siguiente paso: pegármela. Ya os contaré.

Cero,


Joe.

El pedal, la cala y el escarpín (1 de 5)

Chicas:

Como al fin y al cabo las zapatillas "Spiuk" para calas y pedales automáticos me las regalasteis vosotros, paso a copiar los sucesivos correos que le escribí al bueno de Johnny Revenge para actualizarle mi situación en lo que a bicicleta se refiere.

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Chicas:

No sé si aún estoy creciendo, o me he dilatado con el calor veraniego, pero el número 42 que me regalasteis de zapatilla para la bici me va perfectamente. Yo siempre me he movido entre el 40 y el 41.

Ahora tengo que hablar con el experto para entender qué es la pieza extra que venía en la caja y comprar árnica para los primeros batacazos.

Gracias de nuevo,


Joe.