No pudo ser
Animamos hasta quedarnos roncos, pero no pudo ser. El Olympique jugó más, empató y pasó la eliminatoria. Y resultó que el último asiento del último sector del último anfiteatro del lateral de Padre Damián no apoya sobre una pared de cemento, sino sobre una reja con vistas a la calle (a unos 40 metros de altura, a ojo de buen cubero) abierta al viento de la sierra. Al acabar el partido tuvieron que amputarme las manos y varios dedos de los pies. A nuestro lado había un aficionado francés, un vejete, envuelto en una bufanda, que vio de pie el partido sin moverse y que debió morir de congelación en el minuto 74. Allí quedó convertido en témpano, monumento a la fe del aficionado al fútbol.